Medallón de la Congrega

Noble Congregación de Maria SS. del Monte Carmelo - Diócesis de Oppido Mamertina-Palmi

Palmi - RC

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Medallón - (Calabria)

  • Congregación de Maria SS. del Monte Carmelo

    La fundación de la Cofradía de las Venerables SS. Maria del Carmine di Palmi, en la provincia de Reggio Calabria, se remonta a los refugiados de Messina, que se encontraban en una pequeña iglesia que fue la sede original de un modesto convento carmelita, abolido por la famosa Bula de Inocencio X de 1652. En en el pasado creía que la Cofradía había sido fundada en 1777, hasta que el historiador Antonio De Salvo fijó la fecha en 1540, asignando el nacimiento al Maestro Provincial Angelo Emiliano. Pero incluso esta fecha es incorrecta, porque la provincia de Calabria se creó con el desmembramiento de la napolitana que tuvo lugar en 1574 con el primer vicario, el mismo Emiliano. Es cierto, sin embargo, que fue rehabilitado en 1737 bajo el Priorato de Mastro Gaetano La Rocca y por el reverendo sacerdote Don Antonio Attinà, con fecha de nacimiento que se le atribuye aproximadamente medio siglo antes. Esta Congregación o Cofradía fue fundada por la devoción del Magnífico Tomaso Salvatore, quien en nombre de los Confratelli, pidiendo la bondad de Mons. Obispo de Mileto, el 8 de julio de 1689, obtuvo su dispensa. En ese año, en el día del Glorioso San Alberto, Patriarca de la Religión Carmelita, que cae el 7 de agosto, el Magnífico Salvador mismo fue elegido por aclamación como Jefe y Gobernador. Después, habiendo formado las reglas a ser observadas en la propia Congregación y aprobadas por Mons. Religión Carmelita, es decir, San Alberto de Trapani. Para los Messinesi el culto a este santo era inmenso ya que se dice que en 1300, siendo la ciudad asediada por Roberto, duque de Calabria, los ciudadanos, atormentados por el hambre, recurrieron a Sant'Alberto, que entonces vivía en la ciudad, por lo que eso ayudaría. Después de que el Santo elevó sus oraciones, tres barcos cargados de grano aparecieron en el horizonte y lograron ingresar al puerto sin ser molestados, a pesar de la vigilancia de los sitiadores.